Nació el 23 de mayo de 1906 en la vieja casona de la calle De Angulo, detrás de la conocida Huerta de Arroyo, en Guadalajara, donde vivían Miguel Angel Flores y Victoria Aceves. Fue bautizada como María de la Luz y el mundo artístico la conocería años después con el nombre de Lucha Reyes.
La infancia de la niña transcurrió en medio de estrecheces, e incluso su educación fue interrumpida a causa de la pobreza familiar. En 1917 se traslada con su madre a vivir en la capital de México, y allí experimentan las privaciones comunes a todos los recién llegados. Sus pocos conocimientos escolares fueron suficientes sin embargo para aprender la letra de los corridos revolucionarios, de moda entonces, y ya para 1919 empezó a interpretarlos en una carpa situada en la plaza de San Sebastián.
Con esta actividad ganaba algún dinero para ayudar a su familia, pero lo más importante, empezó a relacionarse con artistas y figuras de la época, entre ellos Amelia Wihelmy, José Limón y los hermanos Acevedo.
Un año más tarde, viajó con una caravana artística a Los Angeles, y en esa ciudad fue recibida con alborozo por los miles de compatriotas que ya residían allá. Se presentó haciendo dueto con Nancy Torres, una cantante mexicana radicada en esta ciudad y se sintió tan a gusto que se quedó hasta 1924, cuando decidió regresar a la patria, ahora con mucha más experiencia y mayor calidad artística.
Contratada para actuar en los teatros Iris y Lírico de la capital mexicana, establece contacto con el empresario José Campillo, quien forma con ella el trío Reyes-Ascencio, siendo ésta la primera vez que utiliza el apellido Reyes, el de su padrastro, con quien su madre había vuelto a casarse.
Tras abandonar el trío (en el que fue sustituida por la Garnica, dando origen a la creación del famoso Trío Garnica-Ascensio), continuó realizando presentaciones en teatros y estaciones de radio, hasta el año de 1927, cuando fue llamada a integrar la compañía del maestro Juan N. Torreblanca quien se disponía a partir a la conquista de Europa.
La suerte, sin embargo, no acompañó a la "troupée" mexicana y la gira debió suspenderse al llegar a Berlín, Alemania, donde quedaron varados, a merced de la suerte. La única nota positiva fue la grabación en tierras teutonas de discos magníficos de música mexicana, entre ellos el primero de Lucha Reyes, pero la desafortunada aventura ocasionó entre otras cosas que el famoso compositor Alberto Domínguez -autor de los conocidos boleros "Perfidia" y "Frenesí"-, debiera emplearse de pianista en un bar de mala muerte para pagarse el boleto de regreso, y que Lucha, a causa de las bajas temperaturas y la ropa inapropiada, pescara una terrible afonía que le hizo perder la voz de soprano que había cultivado hasta entonces. Sólo volvería a cantar un año después, estando ya en México.
Como en tantas otras manifestaciones históricas, en el comienzo sólo cantantes del sexo masculino interpretaban la música bravía mexicana. De paso, ésta se consideraba para ser escuchada sólo por los "juanes" (gente del pueblo), y sería necesaria la educación musical de los integrantes de mariachis, la llegada de varios grupos de éstos a la capital del país, y el auge del cine y las comunicaciones, para que la música folclórica ganara el espacio y el respeto de que goza desde entonces.
Se debe a Silvestre Revueltas, fundador del legendario Mariachi Vargas de Tecalitlán, el haberlos uniformado con traje campirano y paliacate al cuello, elementos que derivarían en los amplios sombreros y elegantes trajes con alamares con que los conocemos. También a Silvestre, quien anduvo en amoríos con Lucha, se debe el ingreso de ésta a la música ranchera y a la estación de radio XEW en 1930.
Al recuperar su voz, el tono de la cantante había adquirido "un color de contralto y un matiz enronquecido y bronco", apropiado para interpretar la música ranchera acompañada de mariachi, que ya empezaba a calar entre el público de la gran ciudad. Una de estas canciones fue la famosa "Guadalajara", de Pepe Guizar, que, interpretada con el temperamento y fogosidad de Lucha Reyes, adquirió dimensiones de leyenda.
El impacto producido por su aparición fue inimaginable. Para empezar, el público no había visto nunca a una mujer interpretando y de tal manera este tipo de música. Prodigaba su voz hasta desgarrarla, gemía, lloraba, reía y hasta maldecía, asegura un testigo de la época y muy pronto empezaron a llover las críticas, especialmente por su falta de refinamiento y por las letras que interpretaba: "Pa' que me sirve la vida", "Entre copa y copa", "Cartas marcadas" y "Rayando el sol", entre ellas, lo mismo que por su desenfado al confesar a su público que -al cantar estas canciones siento ganas de echarme unos buenos tragos, porque me forman nudos en la garganta-. A lo anterior se sumó el enojo de muchos por el uso en su vestimenta de símbolos patrios, como el águila y el nopal, considerados intocables.
Pero Lucha tenía demasiada personalidad para hacer caso a estas quejas superfluas y siguió imperturbable su camino. Había comenzado ya su ascenso hacia la gloria y la fama, el que pareció coronar al casarse en 1934 con el agente artístico Félix Martín Cervantes, nivelando su vida sentimental con el acontecer artístico. Interviene luego en la primera de sus películas, "Canción del alma", dirigida por Chano Urueta y al lado de Vilma Vidal, Rafael Falcón y Domingo Soler.
Entre 1937 y 1943, haría seis películas más: "La tierra del mariachi", dirigida por Raúl de Anda, con Jorge Vélez, Consuelo Frank y el comediante Carlos López "Chaflán"; "Con los dorados de Villa", al lado de Pedro Armendáriz y Emilio "El Indio" Fernández; "El zorro de Jalisco", en la que hace el papel de "La Nena", también con Armendáriz, Fernández y Consuelo de Alba; "¡Ay Jalisco, no te rajes!" junto a Jorge Negrete y Gloria Marín; "Flor Silvestre", con Dolores del Río, y "¡Qué rechulo es mi Tarzán!", dirigida por Max Litz.
Otras canciones que recuerdan su estilo visceral de cantar, el que influyera tan notoriamente en todas las cancioneras que aparecieron después de ella, son la famosísima "Canción mexicana", de Lalo Guerrero; "La Panchita" de Joaquín Pardavé; "La feria de las flores", de Chucho Monge; "Juan Colorado"; "El herradero"; "La mensa"; "Caminito de Contreras"; "Yo me muero donde quiera"; "El corrido de Chihuahua"; "Por un amor"; "Sabe Dios"; "Qué sacrificio", entre tantas que dejó grabadas, junto con la canción que ha pasado a formar parte indisoluble de su nombre: "La Tequilera".
Pero el público sólo conocía su aspecto exterior, el de la artista que interpretaba los temas de su predilección, y desconocía que su vida personal, regida por su temperamento apasionado, semejaba un río de aguas tormentosas. El abandono de su marido, quien fue el gran amor de su vida y de quien se asegura, la dejó por irse con otra mujer, fue la gota que derramó la copa de sus penas.
Empezó a beber de manera incontrolada y la madrugada del 25 de junio de 1944, una combinación letal de tequila y pastillas de barbitúricos, apagó para siempre su voz adolorida. Sus restos reposan desde entonces en el Lote de Actores del Panteón Dolores, en la Ciudad de México.
Si eres mexicano no te puedes perder sus canciones. ¡Se las recomiendo! no se van a arrepentir.